¡LAS ENTIERRAN VIVAS!


¿Y... si las enterramos vivas?

Pues ¡Re-aparecen!

LAS EMOCIONES son muy buenas mensajeras y llegan para algo.

Si las escondemos o ignoramos enterrándolas sin permitirnos SENTIR, buscan cauce y se manifiestan VIVAS en algún lugar del cuerpo.

Este expresa lo que traemos en el alma.

Como criaturas sensibles, somos un globo de emociones dentro de un mundo lleno de alfileres.

Lo interesante es qué hacemos cuando llegan ya que, una vez desencadenado el proceso FISIOLÓGICO (por ej. endorfinas, dopamina y serotonina del bien-estar al igual que la adrenalina del susto o cortisol del estrés)

se convierte en PSICOLÓGICO y puede volverse crónico.

Por cada minuto de enojo, ¡30 para que te desenca...brites! porque tu cuerpo necesita digerir el proceso químico que generas.

Por algo las mamás decían

"Ya me enojaron ¡ahora aguántenme!

Hay adicción a la felicidad (por las hormonas que produces, por ej. con el amor, hacer ejercicio o comer chocolates)

O su contraparte: "sólo cuando estás bravo estás a gusto" (la adicción al cortisol por estrés y a la adrenalina también está hoy muy estudiada por los neurocientíficos).

Es natural SENTIR toda la variedad del abanico: alegría, rabia, irritación, tristeza, miedo.

¡por el privilegio de estar vivos!

Nos dice Tal Ben Shahar, catedrático en Harvard de la felicidad que la aceptación de ellas es el pre requisito fundamental para VIVIR UNA VIDA EMOCIONAL SANA.

Esto no implica que vayan a tener las emociones la última palabra en nuestra vida y tampoco significa que aceptemos los comportamientos derivados de ellas "a lo mudo".

Hay técnicas especializadas para canalizarlas adecuadamente y conviene aprenderlas ya que, cuando le bajamos el volumen o tono a la expresión de la rabia o la tristeza, ¡también limitamos la alegría!

"Cerrar la válvula emocional al flujo de emociones negativas (no canalizándolas vía oral o escrita), restringe el flujo de emociones positivas futuras"

Las sabias generaciones que “se han ido”, como la Tía Gemita, nos dejaron por ello la recomendación de "llorando y orinando" cuando la pena invade.


Un llanto fuerte, bien lloradito hacia afuera, sin miedo a sentir, desahogando con la boca bien abierta expresando "¡aaaaaah!" es bien liberador y no pasa de 11 minutos, antes de que se intensifique, nos desborde y aparezca en otro lugar del cuerpo.

El pozo del que brota tu risa es el mismo que colma tus lágrimas.

Por ello, toca mantenerlo limpio.

Aprendamos a estar pendientes de nuestras reacciones.

Recordemos, revisar qué nos motiva o irrita, sabiendo que

todas las situaciones y personas que se nos presentan son espejos para aprender de nosotros mismos y es vital estar atentos ya que, lo que nos agrada siempre es virtud nuestra: "si lo ves...¡LO TENÉS!"

y "lo que te choca...

¡TE CHECA!"

Por tanto, dejar fluir las sensaciones y aprender a manejarlas es VITAL para pasar de párvulos emocionales, a la maestría de esto que llamamos VIDA que solamente es rica en experiencias y en sensaciones.

Permitirnos SER HUMANOS ya que como decía Terencio: "Hombre soy y, nada de lo humano me es ajeno". ¿Y tú?

*Ojo: si quieres una técnica express para manejar tus emociones, toma mi cápsula de MANI-FIESTA, la fiesta de las emociones al alcance de tu mano.

*Y si te atreves a revisar de dónde vienen tus programas emocionales, toma un CURSO EXPRESS de la herida de alma que traes.

*Y ya si eres capaz de resolver de una vez, toma mi ENTRENAMIENTO MAMÁ y PAPÁ. LAS HUELLAS DE ALMA QUE TE DEJARON

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